Articulos y colaboraciones
Escribir sobre lo que está ocurriendo en los mercados estos días no es fácil, puesto que la volatilidad parece dejar obsoletos los argumentos más concienzudos y elaborados.
Ese es precisamente el problema, que el ruido sea tomado por información relevante y que el miedo, la emoción del momento, nos impida tener la perspectiva y la suficiente sangre fría para que nuestras decisiones tengan los efectos deseados no sólo hoy, sino también en el horizonte temporal que nos marcamos para nuestra inversión, conscientes de que la volatilidad es el camino de la rentabilidad.
Y esa es precisamente nuestra vocación como Consejeros Financieros, dedicación absoluta al inversor que hoy necesita, contra el desconcierto y la imperiosa necesidad de salir corriendo, templanza y perspectiva. Confianza.
En las últimas semanas lo hemos visto casi todo. Tras el fin de semana del 8-9 de mayo en el que los ministros de Economía y Finanzas de la Unión aprobaban el plan de ayuda a las economías más endeudadas, la bolsa subió con fuerza para, unos días más tarde, volver a bajar a sus niveles mínimos del año.
El protagonismo de los políticos (el principal riesgo al que están sometidos los mercados hoy por hoy es la falta de decisión) está dejando en segundo plano los buenos datos macro, especialmente en los EEUU, que reflejan una recuperación de la confianza de los consumidores, de las ventas minoristas y del empleo. Y los buenos resultados empresariales, que continúan creciendo a buen ritmo. Hay que evaluar, no obstante, el efecto que esta situación de incertidumbre pudiera tener, si se alarga demasiado, sobre la recuperación en los próximos meses.
Dos son, de fondo, las fuerzas que deben permitirnos ser prudentemente optimistas respecto a la salida de la crisis que hoy impera en los mercados:
Por un lado ha sido sorprendentemente positiva la respuesta de una Europa, tantas veces tachada de inmovilista, cuando se ha tratado de dar una respuesta contundente a los mercados. Un plan difícil de articular y consensuar pero que, sin duda, supone un enorme cortafuegos, en nuestra opinión, necesario. Sin embargo, taponada la herida, la recuperación sólo será posible si se acometen con decisión y visión de futuro, lejos de poses ideológicas, las profundas reformas estructurales que necesita nuestra economía (pensiones, mercado laboral y otras).
De éxito podemos calificar la capacidad de la Unión de obligar a las autoridades nacionales a tomar medidas de ajuste, en la línea adecuada y con la decisión suficiente, sabiendo, además, que en esta ocasión no bastará con palabras bonitas sino que, y esta es la lectura importante, la medidas serán auditadas.
En este sentido, cabría ser optimistas si pensamos que el caso de Grecia, que ha ido por delante en el descalabro y que se va a ver forzada a un severísimo ajuste de su economía, puede haber hecho que, si no ya nuestros políticos, sí nuestros socios comunitarios, hayan acelerado los planes de ajuste que necesitábamos mucho antes de que la situación llegase a ser dramática.
Es obvio que las medidas de austeridad pueden afectar, especialmente a corto plazo, al crecimiento, pero en esta ocasión creemos que el mayor freno sería no contener el gasto público y no tomar medidas severas de reducción del déficit. En esta ocasión, la recuperación de la confianza del inversor privado es el catalizador de la recuperación de la economía, por la vía del empleo y del consumo.
Por otro lado, ante la necesidad de tomar medidas excepcionales, y dado que los tratados europeos no permiten ayudas directas a estados miembros, han tenido que apelar a la estabilidad del Euro para implementar los planes de ayuda. Invocar estas medidas ha sido, en nuestra opinión, una coartada inteligente y no la verdadera finalidad del acuerdo, aunque los medios de comunicación se hayan apresurado a tachar de fracasado al plan de ayudas porque el euro ha seguido depreciándose frente al dólar.
Entendemos que el debilitamiento de nuestra moneda será una válvula de escape que ayudará, por la vía de las exportaciones, a las economías de la Eurozona, facilitando el ajuste.
El bono español a 10 años, está anclado en las proximidades del 4%, sostenido por las compras del BCE. Si el diferencial con Alemania ha crecido en los últimos días ha sido porque el precio del bono alemán ha corrido al alza, recortando su rentabilidad.
Estamos en un mundo menos apalancado, muy distinto al de finales de 2008. Los movimientos que se están produciendo en las bolsas estos días, son muy técnicos y por tanto, tratar de encontrarles una explicación es una tarea poco provechosa. Más peligroso aun sería intentar “surfear la ola” y tratar de cazar al mercado en uno de los fuertes vaivenes que está experimentando.
El oro ha vuelto a subir, apoyado en la creencia, casi mágica, de que es valor refugio. Cuando se puede extraer por 400$/onza, pagar 1.200 o 1.300 euros por onza, no parece que sea un refugio muy seguro, si nuestra perspectiva temporal va algo más allá de mañana.
Con la prudencia como madre de la ciencia de la gestión en estos momentos, creemos que lo mejor es no moverse mucho, aunque sea ir contra el instinto, y, si se da la oportunidad, dado que tenemos las carteras extremadamente conservadoras, aprovechar de la histeria de otros para comprar algo de bolsa.
Como dijo Roosvelt, es al miedo a lo único que debemos temer.




