Articulos y colaboraciones

El tiempo de asesoramiento ha llegado
06/04/2009

“No hay nada más potente que una idea a la que le ha llegado su momento”, afirmaba Victor Hugo. Estoy convencido de que al asesoramiento financiero le ha llegado su hora.

 

SaltePuede parecer que nado a contracorriente, cuando todo el mundo dice que la banca privada ha muerto (en mi opinión, ha muerto un modelo de banca); cuando los inversores sólo ven que sus carteras valen un 50% de lo que valían hace un año; y cuando el mundo entero, está sometido bajo el yugo de la palabra crisis y sufriendo tensiones políticas, económicas y financieras no vistas en muchos años. Pero tengo tres razones, en mi opinión poderosas, para creer que el mundo de los servicios de inversión va a cambiar radicalmente.

 

En primer lugar, es necesario considerar la profesión por encima de la entidad en la que se trabaja. Soy asesor financiero, no empleado de banca. Mi fondo de comercio está en la confianza que mis clientes depositan en mí y moriré siendo asesor financiero, preste donde preste mis servicios.

 

La legislación española ha regulado recientemente el asesoramiento en materia de inversiones, exigiendo autorización y registro, previa acreditación de capacidades y recursos, técnicos, humanos y financieros, suficientes, para todo aquel que de forma profesional e independiente desee prestar asesoramiento a terceros.

 

En este sentido, la €uropean Financial Planning Association (www.efpa.es), promueve la certificación (superación de examen de nivel, aceptación de código deontológico y formación continuada) entre los asesores financieros europeos y, en España, ya somos cerca de 7.000 asociados.

 

En segundo lugar, los inversores nos vamos enfrentar a un mundo muy distinto en el que obtener rentabilidad sólo será posible asumiendo cierto nivel de riesgo; en el que las necesidades de financiar una vida más larga y prolija serán muchísimo mayores; y en el que poco vamos a poder contar con la pensión de la Seguridad Social como fuente de ingresos para tener un nivel de vida mínimo razonable.

 

pirámide 

 

Este relevo generacional va a obligar a muchos inversores, que hasta ahora no se consideraban como tales, a pensar más en el futuro. Como dice el filósofo José A. Marina, cada uno debe elegir cuánto gasta (tiempo, dinero, esfuerzo...) hoy y cuánto invierte (tiempo, dinero, esfuerzo...) para el mañana.

En tercer lugar, es necesario definir muy bien qué es exactamente asesoramiento (en esto la normativa se queda corta al referirse sólo al componente financiero), entender que se trata de una actividad que va más allá de la recomendación de un producto, incorporando aspectos fiscales, normativos, de análisis patrimonial, laborales, etc... y separarlo de la suscripción de tal o cual fondo de inversión o la compra de tal o cual acción. De hecho, la contratación de un producto financiero sólo tiene sentido si previamente se ha hecho una análisis en profundidad de los objetivos y necesidades del inversor.

 

En todo este tiempo, los modelos de banca privada y personal no han dado una respuesta satisfactoria a la realidad de los inversores, centrándose en ofrecer un producto aparentemente más sofisticado, con seguridad más complejo y menos transparente, con mayor margen y no necesariamente mejor, ya que siguen obviando el aspecto más relevante de toda inversión: ¿para qué se invierte? ¿qué se pretende conseguir con esa inmovilización temporal de recursos financieros y esa asunción de riesgos? Esta respuesta sólo la tiene el inversor y éste necesita de alguien que le ayude a enfrentarse a su realidad financiera y a sus necesidades futuras.
 

No es cuestión sólo de arquitecturas abiertas o amplias gamas de producto, el asesoramiento incluye, además de la definición del asset allocation de cada inversor, la identificación y valoración de sus objetivos y necesidades, el análisis global de su patrimonio, la consideración de el impacto fiscal de sus decisiones de inversión, el estudio de sus estructura de ingresos y gastos, la adecuación de sus flujos de ahorro a los distintos objetivos, etc... 

En general, se trata del establecimiento y desarrollo de relaciones de confianza a medio y largo plazo, contemplando la realidad del inversor como un todo y no como una serie de síntomas aislados, como contraposición al enfoque transaccional y cortoplacista.

En este sentido, creo que son fundamentales además, la dedicación exclusiva y el enfoque, renunciando a actividades que puedan generar conflictos de interés, y la adecuación de los sistemas de objetivación y retribución de la actividad de asesoramiento.

Para afrontar este panorama, el inversor va a necesitar de un asesor financiero cualificado y alineado no sólo con sus intereses, sino también con sus plazos. El asesoramiento tiene valor por sí mismo, y no sólo estoy convencido de que le ha llegado su hora, sino de que, además, el inversor querrá pagar por él.

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